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UNO SE ENAMORA...

Uno se enamora:
De miradas 
y no de ojos,

De besos 
y no de bocas,

De todo lo que sientes,
y no de lo que tocas. 
Autor: J. Wailen

TODO...


EL MENSAJE...

Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:
- "He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo".
Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.
El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.
El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:
- “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”
- "¿Como lo sabes preguntó el rey”?
- “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.
En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.
- “Pero no lo leas", dijo. "Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.
Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.
Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.
Caer por el, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.
Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento...
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARÁ”.
En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.
Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.
El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.
El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.
En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:
- “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”
- “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.
- “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje... “ESTO TAMBIEN PASARÁ”
Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.
Entonces el anciano le dijo:
- “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”

QUIEN TE QUIERA..

Quien te quiera en tu otoño,
se enamore de tus ramas
sin hojas, incluso, te soporte
en tus tiempos de invierno;
sin duda, esa persona
se merecerá toda tu 
primavera. 

Poetisa Loca

POEMAS DE LAS COSAS...

Quizás estando sola, de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tú sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente,

 pero que no se ven...

Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se están yendo siempre, pero que no se van...

O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser...

Por más que tú prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son...

Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.

LA PUERTA NEGRA...

Érase una vez en un país muy lejano un rey que era muy polémico por sus acciones. Tomaba a los prisioneros de guerra y los llevaba hacía una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la sala y el rey gritaba diciéndoles:
- Les voy a dar una oportunidad, miren el rincón del lado derecho de la sala.
Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y flechas, listos para cualquier acción.
- Ahora, continuaba el rey, miren hacia el rincón del lado izquierdo.
Al hacer esto, todos los prisioneros notaban que había una horrible y grotesca puerta negra, de aspecto dantesco, cráneos humanos servían como decoración y el picaporte para abrirla era la mano de un cadáver. En verdad, algo verdaderamente horrible solo de imaginar, mucho más para ver.
El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:
-Ahora escojan, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¿morir clavados por flechas o abrir rápidamente aquella puerta negra mientras los dejo encerrados allí?, ahora decidan, tienen libre albedrío, escojan. 
Todos los prisioneros tenían el mismo comportamiento: a la hora de tomar la decisión, ellos llegaban cerca de la horrorosa puerta negra de más de cuatro metros de altura, miraban los cadáveres, la sangre humana y los esqueletos con leyendas escritas del tipo: "viva la muerte", y decidían: -"Prefiero morir atravesado por las flechas".
Uno a uno, todos actuaban de la misma forma, miraban la puerta negra y a los arqueros de la muerte y decían al  rey:
-Prefiero ser atravesado por las flechas a abrir esa puerta y quedarme encerrado.
Millares optaron por lo que estaban viendo que hacían los demás: elegir la muerte por las flechas.
Un día, la guerra terminó. Pasado el tiempo, uno de los soldados del pelotón de flechas estaba barriendo la enorme sala cuando apareció el rey. El soldado con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó: - "Sabe, gran rey, yo siempre
tuve una curiosidad, no se enfade con mi pregunta, pero, ¿qué es lo que hay detrás de aquella puerta negra?"

El rey respondió: ve y abre esa puerta negra".
El soldado, temeroso, abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo puro de sol besar el suelo de la enorme sala, abrió un poco más la puerta y más luz y un delicioso aroma llenaron el lugar.
El soldado notó que la puerta negra daba hacia un campo que apuntaba a un gran camino. Fue ahí que el soldado se dio cuenta de que la puerta negra llevaba hacia la libertad.


"El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese
miedo". Nelson Mandela)

MECANICO DEL ALMA...

Una vez iba un mecánico en su auto por una larga y muy solitaria carretera. De pronto su auto comenzó a deternerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto de su auto pues hacía muchos años que lo conducía; sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba la falla del motor. En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer auto dijo:
-Mira este es mi auto de toda la vida, soy mecánico, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que, sin ser el dueño, puedas o sepas hacer algo.
El hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:
-Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, este es mi auto.
El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar. El primer hombre quedó atónito y preguntó:
-¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es mi auto?
-Verás, mi nombre es Félix Wankel. Yo inventé el motor rotativo que usa tu auto.
Cuantas veces decimos: es mi vida; es mi destino, es mi casa, déjeme a mi sólo yo puedo resolver el problema. Al enfrentarnos a los problemas y a los días dificiles creemos que nadie nos podrá ayudar pues es "mi vida". Pero, voy a hacerte una pregunta: ¿quién hizo la vida?, ¿quién hizo el tiempo?, ¿quién creó la familia?
Sólo aquel que es el autor de la vida y el amor, puede ayudarte cuando te quedes tirado en la carretera de la vida. Te doy sus datos por si alguna vez necesitas un buen mecánico. Nombre: Dios, Dirección: El cielo. Horario. 24 horas al día, 365 días al año por toda la eternidad. Garantía: Por todos los siglos de los siglos. Respaldo: Eterno. Teléfono: Una oración, pero basta que pienses en Él con fe, esta línea nunca está ocupada.

anónimo 

EL BILLETE DE $100 DÓLARES...

Un profesor les muestra un billete de $100 a sus alumnos y les dice: "¿A quién le gustaría tener este billete?" todos los alumnos levantan la Mano.
Él arruga el billete y les pregunta de nuevo: "Ahora, ¿quién lo quiere?" Las manos suben de nuevo.
Él tira el billete arrugado al suelo, lo pisa y vuelve a preguntar: "¿Todavía lo quieren?"
Los alumnos responden que sí y levantan la mano.
Entonces los miró y les dijo: 
"Amigos míos, ustedes han aprendido una lección muy importante el día de hoy: Aunque he arrugado el billete, lo he tirado y lo he pisoteado ustedes quieren todavía el billete, porque su valor no ha cambiado, sigue con un valor de $100.
Muchas veces en la vida, te ofenden, te maltratan, te desprecian, las personas te rechazan y los problemas te sacuden. Sientes que ya no vales nada, pero TU VALOR no cambiará NUNCA para la gente que realmente te quiere. Incluso en los días en que estés en tu peor momento, TU VALOR SIGUE SIENDO LO MISMO".

      No dudes nunca de tu valor... Siempre valdrás mucho para las personas que te quieren y que se preocupan por . NUNCA pero NUNCA valdrás menos, aunque así lo sientas.

Autor: Desconocido

ALMUERZO CON DIOS...

Dicen que un niño pequeño quería ver a Dios. Sabía que era un viaje largo y duro y por eso metió en su mochila algunos pastelitos, refrescos, caramelos y ropa suficiente. Al entrar en el parque de juegos se encontró con una mujer anciana, sola, contemplando las palomas.

Se sentó junto a ella, abrió su mochila y sacó su merienda. Vio que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella lo aceptó y le regaló una maravillosa sonrisa. Como al niño le agradó esa expresión y quería verla sonreir de nuevo, le ofreció un refresco y el niño quedó encantado.
Allí estuvieron toda la tarde, comiendo y bebiendo, pero no se dijeron ni una sola palabra. Cuando oscureció, el niño se dio cuenta de lo tarde que era; se levantó, se despidió y le dio un abrazo de despedida y agradecimiento. Ella, después de abrazarlo, le regaló la sonrisa más grande y bonita de su vida.
Cuando llegó a su casa, su madre advirtió el gesto inmensamente feliz de su hijo, y le preguntó:
-¿Qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?
El niño contestó:
-¡Mami, hoy almorcé con Dios! - Y antes de que su madre añadiera algo le dijo: - ¿Y sabes?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto!
Mientras tanto la anciana, radiante de felicidad, regresó a su casa y su hijo, sorprendido, le preguntó:
- Mamá, ¿qué hiciste hoy que vienes tan contenta?
Ella respondió:
- ¡Comí con Dios en el parque! Y ¿sabes? ¡Es más joven de lo que yo pensaba!

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal

AMAMOS PORQUE SÍ...

Amamos porque sí,
sencillamente porque sí, sin saberlo,
como cuando la espiga se levanta,
como la lluvia cuando está cayendo,
como el viento que pasa y no lo sabe,
y sin embargo, pasa y es el viento.

Amamos porque sí,
sencillamente porque sí,
sin razón y sin remedio,
como se seca un pozo,
como se empaña a veces un espejo,
como una fecha que cambió de dia
o un nombre que olvidamos en un sueño.

Amamos porque sí, 
sencillamente y no importa en que tiempo,
si en un amanecer de primavera
o en un lento crepúsculo de invierno,
pues si el árbol lozano da más flores,
son más dulces los frutos
de los árboles viejos. 

Amamos porque sí, 
sencillamente
 por un qué fatal que no sabemos,
como el traje de luto para un niño
o como las estrellas para un ciego,
como van hacia abajo las raíces
y hacia arriba las ramas
con las hojas por dentro.

Amamos porque sí,
sencillamente porque sí,
porque es cierto,
como un anochecer al mediodía,
como una llamarada sobre el hielo,
como resucitar estando vivos
sólo para morir sin haber muerto.

Amamos porque sí, sencillamente.
Sencillamente, como pasa el viento...

José Ángel Buesa

UNA HERMOSA BENDICION...

Cierto hombre susurró: ¡Dios, háblame! y el árbol cantó. Pero el hombre no oía.

Luego el hombre, habló más fuerte, pidiendo: ¡Dios, háblame! y un rayo cruzó el cielo.
Pero el hombre no oía.
El hombre miró a su alrededor y dijo: ¡Dios, permite que te vea!
Y una estrella se iluminó con gran resplandor pero el hombre no la notó.
Entonces el hombre gritó:¡Dios, muéstrame un milagro!
Y en ese minuto nació un bebé. Pero el hombre no lo supo. 
Luego el hombre pide a gritos, en desesperación:
¡Tócame Dios y hazme saber que estás aquí!
Dicho esto, Dios bajó y tocó al hombre, pero éste espantó a la mariposa que volaba a su alrededor y continuó caminando.

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