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EL BILLETE DE $100 DÓLARES...

Un profesor les muestra un billete de $100 a sus alumnos y les dice: "¿A quién le gustaría tener este billete?" todos los alumnos levantan la Mano.
Él arruga el billete y les pregunta de nuevo: "Ahora, ¿quién lo quiere?" Las manos suben de nuevo.
Él tira el billete arrugado al suelo, lo pisa y vuelve a preguntar: "¿Todavía lo quieren?"
Los alumnos responden que sí y levantan la mano.
Entonces los miró y les dijo: 
"Amigos míos, ustedes han aprendido una lección muy importante el día de hoy: Aunque he arrugado el billete, lo he tirado y lo he pisoteado ustedes quieren todavía el billete, porque su valor no ha cambiado, sigue con un valor de $100.
Muchas veces en la vida, te ofenden, te maltratan, te desprecian, las personas te rechazan y los problemas te sacuden. Sientes que ya no vales nada, pero TU VALOR no cambiará NUNCA para la gente que realmente te quiere. Incluso en los días en que estés en tu peor momento, TU VALOR SIGUE SIENDO LO MISMO".

      No dudes nunca de tu valor... Siempre valdrás mucho para las personas que te quieren y que se preocupan por . NUNCA pero NUNCA valdrás menos, aunque así lo sientas.

Autor: Desconocido

ALMUERZO CON DIOS...

Dicen que un niño pequeño quería ver a Dios. Sabía que era un viaje largo y duro y por eso metió en su mochila algunos pastelitos, refrescos, caramelos y ropa suficiente. Al entrar en el parque de juegos se encontró con una mujer anciana, sola, contemplando las palomas.

Se sentó junto a ella, abrió su mochila y sacó su merienda. Vio que la anciana parecía hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella lo aceptó y le regaló una maravillosa sonrisa. Como al niño le agradó esa expresión y quería verla sonreir de nuevo, le ofreció un refresco y el niño quedó encantado.
Allí estuvieron toda la tarde, comiendo y bebiendo, pero no se dijeron ni una sola palabra. Cuando oscureció, el niño se dio cuenta de lo tarde que era; se levantó, se despidió y le dio un abrazo de despedida y agradecimiento. Ella, después de abrazarlo, le regaló la sonrisa más grande y bonita de su vida.
Cuando llegó a su casa, su madre advirtió el gesto inmensamente feliz de su hijo, y le preguntó:
-¿Qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?
El niño contestó:
-¡Mami, hoy almorcé con Dios! - Y antes de que su madre añadiera algo le dijo: - ¿Y sabes?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto!
Mientras tanto la anciana, radiante de felicidad, regresó a su casa y su hijo, sorprendido, le preguntó:
- Mamá, ¿qué hiciste hoy que vienes tan contenta?
Ella respondió:
- ¡Comí con Dios en el parque! Y ¿sabes? ¡Es más joven de lo que yo pensaba!

Extracto del libro:
La culpa es de la vaca 2a parte
Lopera y Bernal

AMAMOS PORQUE SÍ...

Amamos porque sí,
sencillamente porque sí, sin saberlo,
como cuando la espiga se levanta,
como la lluvia cuando está cayendo,
como el viento que pasa y no lo sabe,
y sin embargo, pasa y es el viento.

Amamos porque sí,
sencillamente porque sí,
sin razón y sin remedio,
como se seca un pozo,
como se empaña a veces un espejo,
como una fecha que cambió de dia
o un nombre que olvidamos en un sueño.

Amamos porque sí, 
sencillamente y no importa en que tiempo,
si en un amanecer de primavera
o en un lento crepúsculo de invierno,
pues si el árbol lozano da más flores,
son más dulces los frutos
de los árboles viejos. 

Amamos porque sí, 
sencillamente
 por un qué fatal que no sabemos,
como el traje de luto para un niño
o como las estrellas para un ciego,
como van hacia abajo las raíces
y hacia arriba las ramas
con las hojas por dentro.

Amamos porque sí,
sencillamente porque sí,
porque es cierto,
como un anochecer al mediodía,
como una llamarada sobre el hielo,
como resucitar estando vivos
sólo para morir sin haber muerto.

Amamos porque sí, sencillamente.
Sencillamente, como pasa el viento...

José Ángel Buesa

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